¿Qué está pasando con el feminismo? (parte I). Breve historia para comprender el movimiento y hablar con propiedad

Desde que comenzó la cuarta ola feminista, escuchamos incesantemente cierta frase en clave despectiva: “están todas revolucionadas”. Ante tal evidencia sólo se me ocurre contestar: “efectivamente, esto es una revolución, con todas las letras”. ¿Cómo? ¿Qué todavía no sabes si eres feminista? Ante la duda, Caitlin Moran sugiere que te enfrentes a estas dos sencillas preguntas:

  1. ¿tienes vagina?
  2. ¿quieres responsabilizarte de ella?

Si has contestado que sí a las dos preguntas, ¡enhorabuena!, estás hecha toda una feminista y te invito a unirte a la revolución del siglo XXI. Sin embargo, como las preguntas de Moran me parecen demasiado cis, me he permitido ampliar un poco el cuestionario:

  1. ¿tienes vagina? ¿te gustaría tener una? o, en su defecto ¿sabes lo que es una vagina?
  2. en caso afirmativo: ¿merece tu respeto una vagina?

Si de nuevo has contestado afirmativamente a los dos bloques de preguntas, te digo lo mismo: bienvenida al club de las “feministas exaltadas” de la cuarta ola.

Ante los acontecimientos de los últimos meses, muchas nos hemos preguntado ¿Por qué ahora? ¿Qué es lo que está cambiando para que tantas mujeres -incluso hombres- estén saliendo a las calles a manifestar su disconformidad ante la desigualdad de género? Para quien no esté siguiendo de cerca los diferentes movimientos de defensa de derechos de las mujeres, puede dar la sensación de que éstas estén despertando de su letargo. A decir verdad, no puede decirse que el movimiento hubiera muerto, sino que permanecía un tanto adormilado durante las últimas décadas, en las que había habido una evidente mejora de los derechos sociales y políticos de las mujeres. Sin embargo, los últimos ataques contra el feminismo -valga recordar como ejemplo los comentarios sexistas de Trump- han dado un gran impulso al movimiento.

Esta cuarta ola, se caracteriza por contar con un elemento innovador, un trampolín hacia la internacionalización definitiva que fortalece al movimiento: Internet. Gracias a las nuevas tecnologías de las comunicaciones -y muy especialmente a las redes sociales-, se está consiguiendo una mayor visibilidad de la mujer alrededor del mundo, y se están tejiendo redes sólidas entre mujeres procedentes de los cinco continentes. Además, algo importante con lo que cuenta el ciberfeminismo es la participación de mujeres más jóvenes, lo cual crea unos sanos cimientos en la lucha contra el patriarcado desde edades más tempranas.

Sin embargo, antes de adentrarnos en el actual movimiento feminista creo no viene mal repasar brevemente las etapas por las que ha pasado. Sin entender por lo que han luchado nuestras predecesoras, y el arduo camino que han tenido que recorrer para conseguirlo, difícilmente conseguiremos trazar nuestra hoja de ruta. Básicamente, la historia del feminismo puede estructurarse en cuatro olas o periodos de lucha activa.

Primera ola (“que nos demuestren que somos inferiores”): representada por el feminismo ilustrado de los siglos XVIII y XIX. Hasta ahora, los privilegios del hombre se consideraban como derechos inherentes a la naturaleza de las cosas, que nadie debía cuestionarse. Sin embargo, siguiendo los principios ilustrados que tienen como núcleo el poder de la razón (buscar respuestas prescindiendo de las explicaciones divinas) y el progreso, las mujeres empiezan a cuestionarse por sus derechos civiles, sociales y políticos. Principalmente, exigen su derecho a la capacitación profesional, a la educación y al voto. Se empiezan a organizar para redactar sus reivindicaciones y abolir los privilegios de los hombres, cuestionando formalmente las relaciones de poder existentes entre los sexos.

Segunda ola (“queremos votar ya”): desde mitad del s. XIX hasta finales de la segunda guerra mundial. Tras haber soportado dos guerras mundiales y comprobar que las economías de los países habían sobrevivido gracias al esfuerzo de las mujeres, éstas se preguntan: si no necesitamos a los hombres para vivir ¿por qué narices no tenemos los mismos derechos políticos que ellos? Comienza ahora el movimiento sufragista, que reclama el reconocimiento de la ciudadanía de las mujeres mediante el derecho al voto. Además, exigen acceso a la educación superior, y a las profesiones y cargos de todo tipo, así como tener derechos y deberes matrimoniales equiparables a los de los hombres (por ejemplo, poder negarse al matrimonio obligado). Las mujeres comienzan a cambiar su vestimenta, a cortarse el cabello, y a quitarse el corsé (símbolo de opresión patriarcal), practican deportes, conducen vehículos, acuden a locales de ocio y se declaran librepensadoras. Por primera vez, investigan sobre el control de la natalidad, y luchan para poder ser “libres e iguales”.

Tercera ola (“en mi cuerpo mando yo”): comienza en los años sesenta y setenta, hasta principios del s. XXI. En occidente, el movimiento busca, mediante la provocación pública, romper con las creencias fundamentadas por la cultura cristiana, por las cuales las mujeres han sido provocadoras de violencia. Comienza aquí una nueva movilización contra el acoso sexual y las violaciones. La lucha feminista se centra en la consecución de los derechos sociales y reproductivo, la creación de refugios para mujeres maltratadas, y la denuncia del maltrato de género (visibilizar del terreno privado al público). Las mujeres luchan por su emancipación y reclaman la libre elección de un proyecto de vida.

Cuarta ola (“resulta que la igualdad es todavía una quimera”): aunque todavía muchas expertas coinciden en que hablar de “cuarta ola” es algo prematuro, lo cierto es que estamos ante una vorágine de manifestaciones feministas que condenan con determinación cualquier acto de discriminación sexual que podría haber pasado desapercibido o considerado dentro de los límites de la “normalidad”. Aunque hemos presenciado avances en lo que respecta a la igualdad legal, en la mayoría de los países occidentales, todavía quedan muchos asuntos pendientes y la práctica demuestra todavía una fuerte influencia del patriarcado. Pero sobre esta cuarta ola, la nuestra, la del feminismo que abre los ojos más que nunca y se niega a dar nada por sentado, seguiremos hablando mucho. Porque, aunque el tema nos suene a chino; aunque no sepamos de historia; aunque no dominemos la nueva jerga ni sepamos qué significa queer, femen o cis; aunque, entre nosotras, no nos pongamos de acuerdo en muchas cosas; no debemos dejar de hablar. Nunca.

Continuará…

 

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